Cuento: “Un lugar para habitar (El País de lxs tontxs felices)”

“Y el viento vino y yací entre sus brazos

Y me hizo viento sin alas de guerra”

Marta Flores 

Un lugar para habitar (El País de lxs tontxs felices)  

Érase una vez o una vez era… Me pongo a pensar y me quedo con la última, una niña rubita y viva como las espigas a quien un día le preguntaron qué quería ser cuando fuese mayor. Sin ningún pensamiento que le interrumpiera su intuición contestó que quería ser sabia. La persona que se lo preguntó pensó que era una niña muy atrevida, pero le hizo gracia. Así fue pasando el tiempo y ante la misma pregunta daba la misma respuesta. Por fin un día una mujer le dijo: “Bueno, tendrás que estudiar mucho y viajar para conocer otras formas de vida, y por cierto ¿qué te gustaría estudiar?“ La pequeña se quedó mirándola fijamente, pero no tenía ninguna respuesta, aunque le agradeció a la mujer su interés, pues fue la única que se había interesado por su proyecto de vida y por ella.

Mientras tanto, crecía y con ella su curiosidad por la vida, y aunque preguntaba y preguntaba, no hallaba respuesta… Así pasó el tiempo, hasta que un día estando en la playa se le acercó una gaviota y comenzó a hablarle. Se quedó atónita, pero pudo reaccionar y le preguntó: “¿Cómo puedo llegar a ser sabia?”, y la gaviota le contestó: “Sigue buscando dentro, verás cómo encuentras tu respuesta”. En ese momento comprendió que el mundo no sabía nada de los pájaros, porque los pájaros hablan, se divierten, forman familias y sienten sus pérdidas. Poco a poco, cuando se podía acercar a algún animal le hacía preguntas y ellxs le contestaban, su corazón se regocijaba de alegría. Su perrita era su mejor maestra. En la ciudad tenía pocas oportunidades de hablar con animalitos y le pedía a su madre que la llevara al zoológico, donde aprendió del dolor.

Otro día, hablando con una niña de su edad, de pelo rizado y piel chocolate oscuro, vio cómo algunos transeúntes la miraban con ojos crueles y comprendió que no todos éramos tratados como iguales, aprendió una palabra nueva llamada racismo, su amiguita le explicó su significado. Y así acercándose a los más débiles de la sociedad como ella (porque era una niña), comenzó a entender.

Durante su vida viajó por muchos países para comprender sus formas de vida y costumbres, fue una lectora incansable, siempre buscando dentro de ella y realizando innumerables terapias, se casó, tuvo hijxs y nietxs y siempre buscaba lo mismo…

Cuando era viejecita y cansada de buscar y de no encontrar respuesta a su pregunta, se encontró con un mago que la animó a abandonar todo lo aprendido. Le habló de su doble, una persona igual que ella pero que dentro tenía una característica muy, muy especial llamada energía y que vivía en el futuro en otro espacio-tiempo más lento. Y si lx llamaba con cariño acudía por la noche antes de quedarse dormiditx para escuchar sus problemas y así poder resolverlos. Pero había una condición: “Usaría la benevolencia hacia el último pensamiento que le viniera a la mente antes de quedarse dormiditx”.

A partir de ahí después de un tiempo no muy largo se levantó una mañana muy decidida y cambió la palabra “sabiduría” por la de “tontx” y ese acto de humildad hizo la magia y desde entonces es una de las mujeres más sabias del país. Y así fue como su mente se calmó, su cuerpo se relajó y fue feliz… Se había convertido en una persona benevolente como su doble que elegía las mejores soluciones para todos los problemas para el resto de sus días.

Vive en alguna ciudad de España con su fiel perrita. Y colorín, de colorines así son mis calcetines…